Como maestro, Groba Groba ha sido un ejemplo de personalidad y de originalidad, por eso siempre he creído en su música, en su discurso, en su estilo, reconocible y rabiosamente sincero, en su fuerza lírica y proteica, enérgica y visceral, expresada siempre sin complejos y sin anestesia, a caballo entre lo dionisíaco y lo apolíneo, exprimiendo sin complejos la estética más cercana al esperpento de Valle-Inclán y simultaneándola con la riqueza de la etnografía gallega.